"Angels
won´t lie"
Basado en Saint Seiya de
Masami Kurumada
Ikki x Hyoga
By Kurai Neko
Kn: Bleh...
Ikki: mm?
Kn: No .. nada ._.
Hyoga: Seguro? Oo no parece que estés muy bien...
Kn: nah, sólo tengo calor .o.
Ikki: oOu
Hyoga: ô.oU ..
Kn: Weno -o- el fic u_ú
Angels won´t Lie
Capítulo 2.
Can you hear the angels calling
When night is young and silence comes?
- Ikki - llamó firmemente el menor de la casa - ¿No podías dormir por que tenías pesadillas?
Ikki apoyó el tenedor en el plato y
suspiró cansadamente. Sabía que Shun quería preguntarle algo, pero no había
hablado casi desde que lo despertó de su malograda siesta matutina.
En el tiempo que tardó para levantar su rostro y mirar con un gesto de fastidio
a su hermano, pensó todo lo seriamente que pudo sobre la respuesta que le
debía dar.
- ¿Tengo que contestar a eso?
El levantamiento de ceja por parte
del peliverde y su total atención centrada en él le dieron la respuesta que
Shun no pronunciaría en alto... a menos que tardase treinta segundos más en
contestar.
Ikki respondió al gesto repitiéndolo, carraspeó y miró al plato de nuevo.
- Sí - sentenció -. ¿Estás
contento ahora?
- No...
Shun enrolló un poco de pasta en su
tenedor, pero no llegó a comerla. Había algo que le preocupaba sobre aquellas
pesadillas.
En toda su vida sólo conoció una época en la que Ikki se había negado a
dormir y desde que había notado los síntomas de un mal descanso en su hermano
había temido que fuera por la misma causa que la otra vez.
Dio vuelta al cubierto, sin decidirse a preguntarle. No existían secretos entre
ellos dos, pero no quería ser demasiado indiscreto.
Finalmente, mirando al moreno de reojo, se atrevió a preguntar.
- ¿Esmeralda?
Ikki abrió mucho los ojos.
Hacía tiempo que no oía ese nombre, tal vez medio año. Aunque muchas veces al
verse en algún espejo la recordaba, pero cada vez con menos frecuencia.
Arrugó la frente, mirando fijamente el plato frente a si mismo.
De hecho en los dos últimos meses no
había pensado para nada en ella. Y tan siquiera podría reprochárselo, entre
los exámenes y las visitas nocturnas de aquel extraño ente no había tenido
tiempo de pensar en muchas cosas.
Aunque ahora que la nombraba, el chico tenía cierto parecido con ella... Tal
vez el aire nostálgico y los cabellos rubios y ondulados.
Tampoco le extrañaba que Shun pensara en ella como la posible causa de su mal sueño.
Negó suavemente con la cabeza y
sonrió a su hermano. Era una sonrisa pequeña y sesgada, que hacía arrugarse a
su cicatriz, pero era sincera y llena de cariño.
Shun no preguntó más. Ikki tampoco podría haberle respondido mucho.
Subió a su habitación después de
la comida y se dedicó parte de la tarde a poner un poco de orden en ella. No le
agradaba especialmente tenerla desordenada, pero tampoco era un dechado de
pulcritud.
Algún que otro suspiro se escapaba de sus labios sin que se diera mucha cuenta,
se sentía extraño y encontró el porque al ver un álbum de fotografías que
se había caído de la estantería.
Estaba abierto por una página en la que salían el y su hermano rodeando a la
que había sido su mejor amiga. La fotografía la habían tomado el día en que
la chica cumplía los trece años.
Tomó el álbum con delicadeza y
trepó a la cama, dejando el carpesano apoyado en sus piernas. Lo abrió por la
primera página, estudiando el contenido de los retratos con suma
concentración.
En muchos de ellos estaba la muchacha, amiga, compañera de colegio y vecina.
Esmeralda era hija única, su madre
murió cuando ella no contaba aún con los dos años de edad, y por eso casi ni
la recordaba. Ikki tenía unos pocos recuerdos vagos de la mujer de cabellos de
oro y sonrisa de ángel que lo había tratado como a otro hijo hasta el día en
que murió.
No sabía de qué fue y nunca lo preguntó, el marido de la mujer siempre se
había mostrado renuente a comentar cualquier cosa que tuviera que ver con ella;
primero parecía dolido y luego explotaba en un arranque colérico, apartándose
de los demás, cargando solo con su dolor.
Esmeralda había sido su mejor amiga,
su única amiga. Se parecía mucho a su hermano, no sólo en el rostro sino en
la forma de comportarse. Muchas veces se había sentido el intruso entre ellos.
Parecía que fueran ellos dos familia y él un amigo. Sonrió recordando las
múltiples veces en las que los demás lo habían creído así, confundiendo a
sus protegidos con una adorable pareja de hermanos.
Esmeralda había sido su único y
primer amor. Inseparables, donde estaba uno, no tenía que andar muy lejos la
otra.
Nunca le confesó sus sentimientos, pero no sentía la necesidad de haberlo
hecho. Ella los conocía incluso mejor que él.
Se fijó en una de las últimas
fotografías. La había tomado un compañero suyo en una excursión a un parque
de atracciones que había organizado el instituto.
El padre de Esmeralda había ido a recogerlos a la vuelta.
Ikki nunca había sido exactamente
una persona sumisa y su fuerte temperamento le había costado más de una pelea
con muchas personas, entre ellas el padre de su amiga. Aunque siempre terminaban
por hablar las cosas calmadamente, recapitulando en los puntos nombrados y
discutiendo sobre ellos de una forma más tranquila, pidiendo perdón por las
ofensas que pudieran haber causado con sus gritos sin sentido.
Para el padre de la chica Ikki no hubiera sido más hijo suyo si fuera de su
sangre, quería a los dos hermanos como amaba a Esmeralda, sobretodo al mayor,
viendo en él parte de su reflejo.
Esa noche discutieron mientras
volvían en el coche a casa. Ikki ya no recordaba ni por que. Tampoco le
importaba mucho. Lo realmente importante fue que en su rabia, el hombre al
volante se saltó un semáforo en rojo y otro coche chocó contra ellos.
La colisión fue una fuerte y el padre de la muchacha salió despedido por el
cristal, como el trayecto era corto no se había puesto el cinturón de
seguridad. Cuando el copiloto del otro automóvil logró salir sin mayor daño
que un par de moratones, lo vio tirado en el suelo, con el cuello torcido de una
forma antinatural. Había muerto en el acto al tocar el suelo.
Ikki no sabía mucho más que aquello. Algo se clavó en su frente y el dolor y
un golpe en la nuca lo hicieron desmayarse. En parte agradecía aquello.
Según pudo escuchar más adelante, Esmeralda lo había protegido de los
cristales con su cuerpo, pero sus piernas se quedaron atrapadas bajo un asiento
que se hundió. Ella estaba despierta. La sedaron antes de separar el coche y
murió poco después por pérdida de sangre.
Hubiera sido demasiado doloroso verla morir. Aunque de todas formas fue un duro
golpe para Ikki el conocer las consecuencias que habían tenido el accidente.
Cerró el álbum y se dio cuenta que
no tenía hambre, aunque ya era tarde y el sol hacía un rato que se había
puesto.
Dejó el cuaderno en la estantería y volvió a su cama.
Se acomodó y parpadeó un par de
veces, mirando el techo sin pensar en nada.
Un extraño silencio lo rodeaba y un sueño pesado hizo presencia para atraparlo
entre sus dedos rápidamente.
Sabía que estaba ahí, pero no
quería abrir los ojos. Tenía que estar dormido de nuevo. Y si era así,
seguiría con los ojos cerrados hasta que se fuera.
Un pequeño roce de telas atrajo su atención y abrió un ojo en tentativa.
¿Cómo podía hacerle contradecir sus propias decisiones tan fácilmente?
El chico se había acercado, igual
que esa mañana. Ikki abrió el otro ojo y lo observó sin rastro de timidez,
descaradamente. El chico lo hacía de igual forma con él.
De repente, el moreno, saltó en la cama fijándose en algo que esa mañana no
tenía y de lo que no se había percatado hasta tenerlo tan cerca. El joven
tenía dos alas de tamaño mediano en su espalda.
Eran blancas y de plumas aparentemente suaves. Emitían un poco más de aquella
luz espectral que el resto de su cuerpo.
El chico se sobresaltó al verlo moverse tan repentinamente, pero aparte de dar un paso hacia atrás no hizo nada más.
El moreno ladeó la cabeza y lo miró con curiosidad. El jovencito se sonrojó ligeramente y se sentó en el borde de la cama, agachando la mirada.
- ¿Cómo te llamas?
Sabía que no iba a contestar, pero tenía que preguntárselo.
- ¿Quién... quién eres? - tendió una mano hacia él - ¿qué eres...?
Cuando pensó que iba a hacer
contacto con un hombro descubierto y pálido, su mano atravesó la figura y el
chico hizo una mueca de dolor, apartándose. Ikki le pidió perdón con la
mirada, pensando que le había hecho daño, pero el muchacho no se movió de su
sitio.
Parecía que su dolor era más sentimental que físico.
Se recostó otra vez, mirándolo a los ojos. Bostezó y se estiró un poco. El jovencito le regaló una pequeña sonrisa e Ikki cerró los ojos.
Cuando los volvió a abrir el sol inundaba su cuarto.
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Kn: ¡¡Aaaah!!¡¡Lo terminé!!¡¡Wiii!!
Ikki: ¿El fic no, verdad?
Kn: .. em .. no, el capítulo o.o
Ikki: ah! _ más te vale...
Hyoga: ¿tengo alas? o//o
Kn: Siii!! ^O^ alitas!!! *O* ... Oye Ikki, ni que quisieras más...
Ikki: .. siento curiosidad, es todo -.-
Kn: .. jeje .. sí claro..
Hyoga: ovo sí, yo también quiero más!!
Kn: Hasta el próximo capítulo ^^