"Angels won´t lie"
Basado en Saint Seiya de Masami Kurumada
Ikki x Hyoga
By Kurai Neko

 

 

Se ven todas las luces apagadas. Se oyen algunos murmullos y algunas toses y risitas que se apagan de repente cuando alguien da un golpe seco.
Kn: *enciende una linterna bajo su barbilla* BIENVENIDOS AL ÚLTIMO CAPÍTULO DE AWL ÔvÔ
Ikki: *enciende la luz y se le ve en el marco de la puerta, apoyado en el quicio con pose muy... él mismo*… ¿sabes que no hacía falta que hicieras eso? ô_o
Kn: .. TTOTT DÉJAME SER FELIZ! NO ARRUINES MI ENTRADA TRIUNFAL!!! ;/O/;
Ikki: em... o.oU
Hyoga: ... v.v es verdad Ikki, deja un poco para los demás. Que siempre te llevas tu las entradas espectaculares u_ú
Ikki: Lo mío no son entradas espectaculares... ô_o es la naturaleza Fénix que fluye por todo mi ser ßD
Kn: ... ... sí claro, sí claro. Pero yo soy la autora, así que si no quieres que te caiga una Estrella de la Muerte encima, ya estás apagando la luz... .. !!
Ikki: ... *clik*
Kn: *W* BIENVENIDOS AL ÚLTIMO CAPÍTULO DE AWL!! ESPERO LO DISFRUTEN!

Angels won´t Lie

Capítulo 7.

You touch my face
You set me free


Reprimió un bostezo, cerrando los ojos y sacudiendo ligeramente la cabeza. Sus dedos se ocupaban de encender el disc-man, volviendo a escuchar la misma canción de Oasis que dejó a medias la noche anterior.
El cepillo de dientes blanco y azul que le compró su madre sobresalía por una esquina de sus labios.

Una vez dejó el lector de CDs dentro del bolsillo izquierdo del pantalón corto y ancho que vestía, retomó la faena de limpiar a conciencia sus dientes.

Esa mañana se había despertado con un regusto en la boca que le recordaba a la cena de ayer.

Escupió la espuma en la que se había convertido la pasta y siguió moviendo enérgicamente el cepillo por todos los rincones de sus dientes. Muelas, incisivos, caninos... ninguno de ellos se libraba del frotamiento.

Volvió a escupir y se agachó para tomar un poco de agua del grifo. Después de enjuagarse una vez, tomó agua de nuevo, incorporándose.

Casi se tragó el agua al ver de improvisto una figura lánguida que bostezaba tras él y buscaba a tientas el armario del baño.

Tosió y escupió, quitándose un auricular con prisas.

- ¡Mamá! - llamó perplejo, con un tono de reproche en su voz.

Apenas pudo ocultar un par de tosecillas al tiempo que recargaba sus puños en su cadera.

- Buenos días, hijo - habló la mujer en un murmullo bajo, tomando una mejilla morena de su vástago y regalándole un perezoso beso en la otra -. Felices dieciocho.
- ... - fue toda la respuesta que consiguió del sorprendido muchacho.

Ikki salió del pequeño cuarto, mirando de forma extrañada la puerta que su progenitora cerraba, aún bostezando.
Giró su cabeza y vio unas maletas al otro lado del pasillo, delante de la puerta de la habitación de sus padres.

Ikki no había sabido exactamente en que fecha volverían, pero no los esperaba al menos hasta la siguiente semana.
No le molestaba, al menos ahora no tendría que poner él la colada de ropa sucia en la lavadora, su madre insistía en hacerlo ella misma.

Suspiró cansado y se fue hacia su dormitorio, rascándose la nuca.

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Se reajustó las gafas de lentes oscuras hasta que subieron un centímetro más arriba sobre el puente de su nariz, ligeramente respingona.
No le había costado volver a encontrar el camino hacia esa casa que había conocido después de que una especie de angelito lo llevara hasta allí. Volando. En sueños.

"Si alguien se entera de esto, me tacharán de loco..." pensó y añadió un suspiro mental tras esas palabras.

No sabía muy bien porqué había ido hasta allí. Tan sólo le apetecía ver el lugar de nuevo.
Estaba apoyado en el respaldo de un banco de madera que había en la acera de enfrente.

La casa se encontraba en una intersección con dos calles que formaban una "T". El balcón tenía una bonita perspectiva frontal de la calle que terminaba al encontrarse con la suya.
Si alguien se hubiera asomado allí, podría haber visto con facilidad a Ikki, justo en los bancos de la esquina de la derecha.
Se estaba cruzando de brazos.

Ikki bufó cansado, hacía calor y aún no sabía que hacer realmente. Tal vez sería bueno llamar a la puerta, o tal vez sería mejor irse de allí de una buena vez, aunque tal vez lo que verdaderamente debería hacer fuera encontrar un hueco en el que meterse y nunca, nunca, jamás salir de allí.
Y es que Ikki sentía unas ganas inmensas de que la tierra se lo tragara.

- ¿Dónde se meten los malditos terremotos cuando se los necesita? - farfulló mientras se removía un poco.

Se quitó las gafas para masajearse el puente de la nariz, agachando la cabeza al tiempo.
Estaba demasiado confuso.

Él no había pedido vivir su vida, pero siempre la había aceptado con la secreta esperanza de que algún día llegaría su recompensa. Era consciente de que siempre habría podido ser peor, pero también sabía que podría haber sido mucho mejor y aún estaba resentido con el destino de Esmeralda.
No se sentía culpable, ya no. Pero no encontraba el sentido de su sacrificio.
Tampoco había pedido que de la noche a la mañana un ente extraño lo persiguiera allá donde fuera.

Por primera vez necesitaba una respuesta a una pregunta que no sabía como formular, pero que se presentaba como un gran interrogante en su mente.

Alzó la cabeza y sonrió sin humor, simplemente alzando una de las comisuras de sus labios hacia arriba.
Casi cayó al suelo.

El interrogante se había trasladado desde su mente a la valla que separaba el pequeño jardín delantero de la casa de la acera. Estaba allí sentado, como si nada, balanceando las piernas.
Podría jurar que aquel muchacho era tan real como él mismo.
Estaba distraído, mirando la otra esquina de la calle. Fruncía el ceño levemente y sus hombros alzados estaban descubiertos y ligeramente bronceados.
Vestía de blanco, como siempre.

- ¿Ikki? - preguntó una voz a su derecha, suave y tranquilizadora.

Ikki no pudo más que agarrarse al respaldo del banco en el que seguía, milagrosamente, apoyado.
Shiryu lo miraba con una ceja alzada, interrogando de forma efectiva con su mirada. Ikki sabía que quería decir. Exactamente era "¿Qué haces por esta zona de la ciudad que normalmente no frecuentas, a estas horas y solo?"
Pero él era el antisocial del grupo. Sólo tenía que recomponer su postura y arrugar un tanto la frente, cruzarse de brazos y apretar los labios; estaba seguro que así la pregunta no sería dicha en alto.
Y menos si él atacaba primero.

- ¿Qué haces aquí? - habló algo ariscamente. Shiryu esbozó una sonrisa.
- Vivo por aquí - empezó, mirando hacia atrás -, a unas manzanas. Lo sabes.
- Ya, em .. sí - Ikki tuvo que pensar rápidamente, cosa que se le daba bien, pero que no solía usar a menos que se tratara de un examen o de una excusa -. Pero me refiero a aquí. ¿Bajaste a comprar algo?
- No - Shiryu cambió el peso de pie -. Iba a visitar a alguien, pero me parece que no es buen momento. Su coche no está en la puerta de la casa.
- A lo mejor lo dejó en un garaje.

Shiryu rió por lo bajo, sonriendo condescendiente. Ikki escondía algo, preguntaba demasiado y concentraba la conversación en él.

"Tal vez le vaya bien una buena charla."

- Oye Ikki.
- ..hnn? - aventuró.
- Si no tienes nada que hacer... ¿te apetecería tomar algo conmigo? - apuntó con la cabeza hacia su izquierda - Hay una cafetería que me gusta mucho ahí. Esta a dos pasos.

Ikki sopesó la idea. Antes de contestar miró al frente.
El muchacho ya no estaba, pero algo templado le rozó la mano.

Otra vez ese olor a canela.

- Bien.. vamos.

----

La mesa redonda alrededor de la cual estaban sentados era pequeña y de madera, tenía un cristal transparente encima y habrían cabido tres personas como mucho. De hecho había un asiento presuntamente vacío a la izquierda de Ikki. Aunque algo le dijera que la afirmación, en este caso, era dudosa.
Claro que, cualquiera de los presentes allí no estaría de acuerdo con él. Seguramente.

Ikki frunció el ceño desconcertado por sus pensamientos, que cada día se volvían un poquito menos normales.
Tenía unas ganas increíbles de sacudir la cabeza hasta marearse tanto que fuera incapaz de razonar.

Giró la vista hacia el asiento de su izquierda, que tenía una mochila colgada del respaldo.
Shiryu había ido al aseo, prometiendo que no tardaría en volver.
Ya iban dos minutos de espera y una de las rodillas del chico mayor empezaba a subir y bajar rápidamente, impulsada por un pie igual de alterado.

Apoyó los codos en la mesa y la barbilla sobre las manos, en una pose de meditación profunda y abstraída. Aunque sus ojos estaban fijos en la pared que tenía a más o menos un metro de él, el resto de sus sentidos se concentraban en tantear la cafetería.

No era muy grande, pero no se la podía considerar pequeña.
A la izquierda de la puerta de cristal estaba la barra, con un mostrador al que más de un goloso y/o indeciso estaba adorando.
En la parte de la derecha se encontraban unos escalones que daban a un pequeño rellano que ocupaba más bien poco, pero que quedaba cerca de la salida y resguardado de miradas indiscretas.
Era en esta pequeña bajada en la que se habían ido a sentar.
La decoración era en tonos oscuros y verdes, un tanto clásica.

- ¿Aún no han traído el pedido? - preguntó Shiryu mientras se sentaba en la silla.

Ikki no lo había visto venir, pero tampoco le sorprendió su aparición repentina. Shiryu solía ser muy silencioso.

- No - respondió secamente -. No creo que tarden - añadió a su escueta respuesta, recordando que hablaba con uno de sus pocos amigos; no declarado por él, por supuesto.

Shiryu sonrió, comprensivo con Ikki, e inclinó ligeramente la cabeza hacia una camarera que, apresurada, dejaba la orden sobre el cristal de la mesa y con la misma premura subía los escalones para atender a otros clientes.

Ikki acercó un poco más su granizado de café y empezó a removerlo con la cucharilla larga que le habían dado junto al vaso. Shiryu hizo lo mismo con su té y le dio un trago, saboreándolo distraído antes de tragar.

- ¿Y bien? - cuestionó el más joven después de beber.
- ¿Y bien... qué? - replicó el otro.

Shiryu alzó una ceja, mirando fijamente a Ikki. Le iba a costar hacer que se relajara.

- No sé, ¿qué tal va todo? - cabeceó en su dirección, extendiendo la mano en un movimiento fluido y ligero - ¿Cómo te sienta tu mayoría de edad?
- ¿A mi? - preguntó sin necesidad de hacerlo - Mm.. bien, como todo.

Shiryu reprimió una risita indiscreta causada por el removimiento de Ikki en su asiento, tan incompatible con la presunta seguridad que emanaban sus orgullosas palabras.
El silencio entre ellos hizo acto de presencia de nuevo, mientras Ikki se concentraba en su bebida y Shiryu miraba distraído el techo.
Ikki no era un gran hablador, pero tampoco era una persona sin recursos. Shiryu sabía que era capaz de seguir una conversación y hacerla interesante; además de que aunque hablara poco, no solía quedarse callado.

- Mm... - murmuró el chino, llevándose una mano a la barbilla -. Supongo que no tienes nada interesante que contar, total nos vimos ayer.
- Ahá - Ikki agradeció las palabras de Shiryu.
- ¿Verdad?

Los ojos estirados del muchacho miraban hacia el asiento vacío, con un brillo extraño. Ikki podría haber jurado que la silla estaba un poco más cerca de él que hacia unos minutos.
El mayor carraspeó fuertemente.

- Sí. Nada interesante.

Shiryu parpadeó, entornando un poco los ojos. Tapó su nariz por un momento, volvió a soltarla.
Olía a canela, justo como el día anterior. Y que él supiera Ikki no usaba perfume.

- Oye Ikki... - Llamó el menor sin dejar de ver la silla, que irradiaba aires de inocencia y oquedad.

Ikki se removió inquieto y tomó silenciosamente un poco más de su granizado, pasando a removerlo con la cucharilla una vez dado el trago pertinente. Mientras seguía entretenido el movimiento de muñeca con la vista, respondió.

- ¿Hnn?
- ¿Qué tal te pareció el último libro que te dejé? - Shiryu sonrió a su compañero de merienda, mirándolo a los ojos, transmitiéndole su natural sosiego - A mi me resultó una tesis bastante interesante.

Ikki miró sorprendido al chico de procedencia china, agradeciendo el agradable giro de la conversación.
Aunque Shiryu era el futuro estudiante de psicología, compartía el gusto por este tema con Ikki. Este enderezó un poco la espalda, dispuesto a resumir su opinión.

- Está bien enfocada y redactada, pero le falta un poco de base. Más pruebas.

Shiryu abrió la boca. La cerró. Bebió de su té.
Podría haber entrado en una discusión en la que habrían estado entretenidos durante, al menos, una media hora. Esto de seguro habría relajado a Ikki, que esperaba expectante su respuesta. Y luego, tal vez, abordar de forma discreta el tema que al muchacho le preocupaba.
Optó por otra estrategia.

- Me acabo de leer un libro que me ha dejado mi padre - Shiryu bebió de nuevo, Ikki frunció el ceño -. Está muy bien, trata...
- Sabes que no me van esas chorradas zen.
- ... sobre la vida después de la muerte.

Ikki parpadeó, dejando de mover la cuchara.

- Es filosofía.

Ikki enarcó las cejas, soltando el cubierto.

- Sabes que también leo filosofía.

Ikki tomó el vaso y lo acercó a sus labios, bebiendo sin bajar la mirada.

- Es muy interesante, tiene unos puntos de vista dignos de tener en cuenta.

Ikki dejó de beber, dejando el vaso en la mesa.

- ... ¿he dicho ya que es muy interesante? - preguntó, creyendo que Ikki no contestaría nunca.
- Sí.
- Oh.

"Un monosílabo." pensó "Es algo..."

- Resume.
- ¿Qué? - preguntó desubicado el del pelo más largo - ¿Qué decías?
- ¡Resume! - repitió Ikki, mirando la silla de reojo, que estaba prácticamente pegada a la suya - ¡Va!
- ¡Ah! ... Bien, básicamente trata sobre la energía que cada persona tiene dentro de su cuerpo y lo que ocurre con esta mientras, por ejemplo, dormimos o cuando nos morimos.
- ¿Viajes astrales? - preguntó el mayor, recostándose en el respaldo de la silla - ¿Te refieres a eso?
- .. en parte.

Shiryu apuró su té con un trago largo y después cambió su posición para estar más cómodo. Mientras tanto, Ikki pensaba en cierta noche en la que un chico alado le dio una vuelta por la ciudad.

"Perfecto, ¿eso significa que se llevó a mi esencia a dar un paseo?" refunfuñó interiormente.

- Verás - prosiguió el más pequeño -, sobre viajes astrales, como lo has llamado, tiene un pequeño capítulo, no lo recuerdo detalladamente pero sé que hablaba sobre el tema. Pero para un viaje astral se necesita... otra "energía".
- Lo que vulgarmente se conoce como "guía" - aportó Ikki, bebiendo después de su café.
- Sí, exactamente. Pero un guía debe de ser alguien experimentado... normalmente pueden ser energías residuales.

Ikki apartó su vaso.

- ¿Qué? - preguntó - Pide la cuenta.
- Ahora cuando se acerque la camarera - respondió rápidamente, tal vez había encontrado la espina que el mayor llevaba clavada desde hacía un tiempo -. Energías residuales. Energía de gente que ha muerto.
- ¿Fantasmas? - interrogó incrédulo.
- Algo así. Hay personas con mucha presencia, mucha energía o muy empecinadas - Shiryu hablaba un poco más deprisa que de normal, temiendo que Ikki saliera volando de un momento a otro -. Sus energías son las que más tiempo se quedan dando vueltas por el mundo antes de desaparecer. Recuerda que es una teoría - añadió.

Ikki asintió parcamente. Luego señaló a la camarera que se acercaba. Shiryu la llamó de mala gana, pidiéndole la cuenta.

- A veces, dice el libro, hay energías residuales tan osadas que llegan a materializarse.
- ¿Cómo? - Ikki sacó su cartera, preparado para pagar en cuanto llegara la chica - No lo entiendo...
- Que se vuelven casi reales. Sobretodo si tienen un motivo por el cual hacerlo.

Un roce tibio en el dorso de su mano y el olor a canela, que lo tenía atrapado, le dieron una idea de a lo que Shiryu se refería.
La joven camarera no tardó en aparecer, dejando un platito y sonriendo a sus clientes. Desapareció escaleras arriba e Ikki se levantó dejando caer las monedas encima de la factura. Había suficiente para pagar las dos consumiciones.

- Mira - volvió Shiryu al ataque -, si quieres podemos pasar por mi casa y yo...
- No hace falta - cortó -. Tengo un poco de prisa.

Shiryu miró las monedas en el platillo de madera y decidió tomar la invitación sin mencionarla. Era lo mejor que podía hacer para agradecerle al hosco muchacho mayor.
Se levantó tomó su pequeña mochila, cargándola en un hombro. Siguió a Ikki por dentro del local, hacia la puerta de salida. Una vez fuera se paró al ver que su acompañante hacia lo mismo.

- Dale el libro mañana a Shun - habló con tono autoritario -. Le echaré un vistazo.
- De acuerdo - asintió inclinando casi imperceptiblemente su torso -. No te arrepentirás.

Ikki se dio la vuelta y empezó a caminar hacia delante, sabía que Shiryu tenía que cruzar la calle en el paso de cebra que tenían delante.
A Shiryu no le molestó, Ikki nunca se despedía.

----

Giró sobre si mismo en la cama, dejando un espacio a su izquierda. El espacio suficiente como para que otra persona se tumbara en la cama.
Ikki sabía que estaba ahí. Durante toda la tarde lo había podido ver por el rabillo del ojo.

Lo había podido ver.
Su contacto era cada vez más cálido.
Su aroma más penetrante.

En conjunto, era más real.

Y además estaba lo de sus alas.
Las había perdido.

Frunció el ceño.
Todo aquello le daba dolor de cabeza. Por más vueltas que le daba no llegaba a una conclusión lógica y acogedora que su mente pudiera admitir.
Pero también estaba el hecho de que cada día que pasaba se encontraba un poco más lejos de querer dejarlo escapar.
Ikki siempre había sido un chico curioso, pero más bien discreto en sus curiosidades.

Pronto notó como el colchón se hundía un poco y una sensación cálida lo envolvía. El peso de unos brazos lo hicieron suspirar quedamente.
Cuando bajó la mirada una rubia cabellera, aparentemente sedosa, fue lo primero que pudo divisar. Más allá se hallaba el cuerpo estrecho del misterioso chico.

El pequeño se había recostado a su lado, abrazándolo; escondido su rostro contra el pecho del mayor.
Ikki no supo porque, pero tenía la sensación de que aquel se encontraba pensando en la extraña relación que mantenían, como él mismo.

Siguió observándolo en silencio por unos momentos. Cuando el chico se removió para mejorar su comodidad le hizo cosquillas con sus largos y alborotados cabellos. El moreno arrugó la nariz.
Esta vez la curiosidad pudo más, y no viendo ningún peligro en su empresa movió una mano hacia esa melena dorada.

"Suave."

El chico se estremeció y apretó el abrazo, escondiendo aún más su faz, situando su rodilla izquierda encima de las de Ikki.
El mayor siguió acariciando levemente al muchacho, alargando sus dedos hacia un hombro desnudo, bajando por el brazo hasta el codo y recorriendo el camino en sentido contrario, volviendo al punto de partida.
El rubio se apretaba a él, acaparándolo por completo, como si tuviera miedo de que se desvaneciera ante sus ojos.
Ikki se dejó abrazar, apretando al cuerpo a su lado, intentando tranquilizarlo, tratando de comunicarle con aquel gesto que no se iba a mover de allí

No tardó mucho en quedarse dormido.

Movió las manos, palpando la calidez tibia a su lado.
No supo cuando se quedó dormido y tampoco sabía que lo había despertado, pero el ex-alado no se encontraba en la cama.
Pasó su lengua seca por sus labios y, con un esfuerzo enorme, consiguió incorporarse en el lecho.

El chico estaba de pie, a dos pasos de él, dándole la espalda.

Una tenue luz se filtraba por los agujeros de la persiana, iluminando la habitación con un sutil color anaranjado. Seguramente aún amanecía en esos momentos.
Ikki se pasó las manos por la cara, tratando de borrar con ellas el sueño que aún era presente. Reprimió un bostezo durante unos segundos, pero finalmente se abrió paso hasta hacerlo abrir la boca y aspirar fuertemente. Sacudió la cabeza y se rascó holgazán la nuca.
Con cuidado de no hacer mucho ruido se levantó, desperezándose mientras recorría la distancia que lo separaba del chico.
Cuando tomó uno de sus hombros lo sintió tan real que casi lo asustó.
Además, el joven estaba llorando.

Con prisa lo volteó, agarrándolo de los antebrazos y buscando su mirada. El rubio mantenía la cabeza gacha y se sacudía levemente, sus sollozos eran prácticamente silenciosos.

- ¿Qué ocurre? - interrogó con sincera preocupación en su voz - ¿Qué te pasa?, ¿estás bien?

El muchacho redobló su llanto, apoyando la cabeza en el hombro del dueño de la habitación, tomando con sus puños la delgada camiseta de algodón que vestía en su torso.
Ikki trató de separarlo, pero él no se dejaba, así que simplemente lo dejó llorar. Se balanceaba suavemente, susurrándole al oído pequeños murmullos de aliento.

La luz en la habitación iba aumentando, aunque no habrían pasado ni cinco minutos.
El moreno bajó su mirada.
El rubio se separó dócilmente de él.

Su cuerpo brillaba y era ligeramente transparente.
El contacto con él se estaba volviendo frío por momentos y su olor a canela desaparecía del lugar.

- ¿Qué haces? - preguntó Ikki, juntando sus cejas en un gesto enfadado y casi desesperado - ¿Qué estás haciendo?

El chico lo miró.
Una sonrisa pequeña y sincera inundó su rostro de melancolía.
Recogiendo los últimos pedazos de realidad que le quedaban, titubeó, probando sus cuerdas vocales.
Trató de nuevo.

- Tengo que irme.

Ikki apretó aún más los antebrazos del muchacho, ya no podía sentirlos.

- ¿¡Pero que estupideces dices!? - habló alterado - ¿¡Para una vez que hablas y tenías que decir esas palabras!?¿¡Qué no tienes nada más que decir!?

Ikki pasó sus manos por lo que aún veía que eran sus hombros, al llegar a su cuello aún pudo notar la calidez que emanaba. Tomó su rostro, sin apartar sus ojos de tormenta de los del pequeño.

Unas diminutas volutas de luz los envolvían.
Apartó ahora sus ojos para ver de donde provenían y se mordió el labio al ver que era de las piernas del chico, que ya habían desaparecido hasta su mitad.

No pudo evitar pensar en Esmeralda.

Abrazó al muchacho, apretando su contorno entre sus brazos, con fuerza.
El rubio lo abrazó de vuelta.

Cada vez era menos lo que se podía ver del chico.

"No te vayas" rogaba en su mente el mayor "No me dejes solo ¡no de nuevo!"

Pero pronto se encontraba abrazando a una pequeña esfera lumínica, acompañada de otros diminutos fuegos blancos que desprendían un sorprendente olor a canela.
Ikki los miró con melancolía, casi con resentimiento.
Los fuegos fatuos brillaron más.

No comprendió el mensaje, pero supo que quería decirle algo.

Ikki suspiró, sus mejillas algo coloreadas y sus ojos empezando a tornarse rojos y húmedos.

La habitación se tornó más oscura de lo que cabía esperar cuando el pequeño fuego blanco desapareció, dejando una voluta de humo.

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Kn: *O* YA!!!
Hyoga: ¿Podemos encender la luz v?
Kn: Sí claro ovo
Se ve que mientras neko escribía los chicos han aprovechado para dejar una tarta sobre la mesa.
Hyoga, Shun, Seiya & Shiryu: Cumpleaños feliz ovo nOn ^O^ ^-^
Ikki: .. no es así
El resto: ¿Ah? O.o n-n? o.o o_O
Ikki: es "cumpleaños feníx"
Hyoga: Cierto o.o
Kn: GRACIAS! GRACIAS! *O*
Ikki: Aunque no debería de haber dicho nada Señora-invocadora-de-Estrellas-de-la-Muerte
Kn: Oh, neno. Sabes que es broma ovo