..:·ChAsS·:..
Basado en
Saint Seiya de Masami Kurumada
By Neran
Capítulo 4 "Sangre y Sudor"
El traqueteo del carruaje que le llevaba por el oscuro sendero le inducía al sueño. Todo era muy extraño, ese chico de cabello café ni siquiera le había dicho su nombre y él ya se había subido al coche de caballos que conducía....Y Saori no aparecía por ninguna parte.
El carruaje se detuvo, la puertecilla se abrió para permitirle a Milo salir del oscuro cubículo solo para encontrarse con la espesa oscuridad de unas enormes rocas...parecía la entrada a una gruta en la montaña de piedra maciza....dos antorchas iluminaban tétricamente la entrada de la susodicha cueva.
-Sigame monsieur...- indicó con un movimiento de su mano el muchacho de oscuros cabellos.
Milo titubeó, pero tuvo una sensación extraña al encontrarse alejado de la luminosidad de la vela que portaba el criado. La cueva era bastante amplia, parecía un largo túnel que cada vez bajaba mas y mas, pareciendo querer hundirse en las entrañas de la tierra...
De pronto las paredes de roca maciza cambiaron, ya no eran toscas y deformes, ahora dos altos y rectos muros de sillares de piedra se erguían a ambos lados, sujetando el techo de la cavidad, mas bajo en esa zona. Debían de estar bastante lejos del carruaje, pues llevaban tanto rato andando entre rocas que los pies de Milo embutidos en sus botas negras de piel empezaban a quejarse silenciosa pero dolorosamente para su dueño.
Un pasillo se bifurcaba a la derecha y fue el camino que siguieron. Un poco mas adelante les salió al paso un hombre rubio, de suaves facciones, que ahora se desdibujaban ligeramente, parecía algo airado por el color de sus mejillas. Si no es por sus increíbles reflejos Milo habría chocado con él....Llevaba una sotana marrón y un crucifijo bastante grande colgando del cuello, parecía un sacerdote o un monje. No les dijo nada, solo los miró, a Milo con curiosidad reprimida y al otro muchacho con una mezcla de desprecio cuando el chico le saludó educadamente.
-¿Quién era?- se atrevió a preguntar el confuso peliazul.
-Un sacerdote...
El chico le respondió con toda la tranquilidad del mundo, a Milo le resultaba un tanto raro encontrar un sacerdote por esa gruta, ¿donde le habían llevado? Miró mas atentamente a su alrededor, habían girado por donde les había salido al paso el sacerdote, a la izquierda, y a Milo le recorrió un escalofrío al distinguir unos esqueletos colocados en cubículos en las paredes...
-¡¿Estamos en las catacumbas?!
-Sí...por favor monsieur...no hable tan alto...
Por fin llegaron a su destino. Una puerta de madera desgastada chirriaba en sus goznes al ser abierta. El interior estaba en penumbra, mucho mas que el pasillo, o eso es lo que le pareció a Milo, ya que cuando sus ojos de nuevo se acostumbraron a la tenue luz de una vela que era toda la iluminación de la estancia, pudo distinguir un hombre de espaldas a ellos sentado en un sillón de aspecto lujoso delante de una mesita y al lado otro sillón de terciopelo negro. Las facciones de ese hombre eran tan suaves como las de ese sacerdote que habían visto momentos antes por el pasillo, el pelo lila le caía en una cascada por el rostro pálido y enmarcaba unas extrañas marcas moradas encima de unos ojos verdes con un brillo raro, casi tan extraño como el brillo de los ojos del sacerdote que se encontraran, salvando la diferencia de que esos eran azul intenso.
El hombre se levantó del sillón, pareciendo que se llevaba consigo una parte del tapizado al ser su sotana tan negra como ese terciopelo del sillón, él también llevaba un crucifijo sobre el pecho. Milo pensó que era otro sacerdote hasta que se dio cuenta de las sutiles diferencias entre el atuendo de este hombre y del que viera en el pasillo...La sotana de aquel era marrón, mas bien claro; la de este era negra como la noche, el plateado crucifijo que pendía sobre el pecho de este "sacerdote" estaba invertido hacia abajo, no como el de ese otro, en posición normal....Milo no pudo evitar retroceder cuando ese falso sacerdote se acercó a él, no podía evitarlo, todas esas cosas que no podía controlar no le daban buena espina... mas valía no jugar con fuego era lo que él pensaba.
-Monsieur...Milo ¿verdad? tome asiento por favor...- hizo una seña con la cabeza al criado que permanecía inmóvil en la puerta- Déjanos solos Seiya...-el chico titubeó, Saori le había ordenado expresamente que no dejara solo a Milo parara lo que pasase- Tranquilo...Saori sabe que el monsieur iba a hablar conmigo...espera en la puerta si quieres, no tardaremos...
Seiya salió, cerrando la puerta tras de si. El hombre se dirigió de nuevo a Milo una vez que estuvieron solos, este sentía un cosquilleo en la nuca, definitivamente no tenía que estar ahí...
-Monsieur, tome asiento...-Milo por inercia casi, se sentó en el otro sillón negro, enfrente de esas oscuras esmeraldas que le traspasaban como si pudieran ver a través de él.-Mi nombre es Mu, a su servicio...por lo que he oído...su caso es algo especial, ¿le importaría darme los detalles?
-¿Qué?- Estaba confundido, ¿que se suponía que debía hacer, qué decir? no tenía ni la mas remota idea de lo que ese hombre estaba hablando.
-Sus...sueños...Saori me dijo que estaba usted sufriendo por un sueño "demasiado" real...
-¡Ah! es cierto...pues verá...
Milo contó a Mu sin tapujos todo lo que le había ocurrido, sin excluir nada, incluido el encuentro con los gemelos. Sus anhelos, ilusiones y mas ocultos deseos y sufrimiento salían fácilmente de sus labios. Mu no le interrumpió, escuchó el relato de principio a fin, y a Milo le resultó también muy raro que tuviera tanta confianza en un hombre que acababa de conocer y que llevaba una cruz invertida al cuello. Cuando acabó Mu se levantó de su asiento para ir hasta una pared y tocar una campanita, después se volvió a Milo.
-Bien monsieur Milo...espero poder ayudarle a conseguir lo que desea...pero debo advertirle que esto requerirá un sacrificio de su parte...¿Está dispuesto?
Milo no dudó, no podía seguir viviendo de aquella manera, cualquier cosa que ese hombre le pidiera se la daría, con tal de tener junto a él a ese sueño que le volvía loco de amor...
-Sí, lo estoy.
En ese momento entraron sin llamar la la puerta una chica de pelo verde vestida de negro con adornos plateados y un niño de no mas de ocho años de pelo rojo, ojos violetas y las mismas extrañas marcas en la frente.
-Kiki, Shaina, lleven a monsieur Milo a la capilla...debo ir a buscar los utensilios...
-Como mandéis monsieur Mu.
Ambos tomaron con suavidad los brazos de Milo conduciéndolo por los tortuosos pasillos, ignorando a Seiya, hasta una sala adornada de forma muy bella, debió ser grandiosa en el pasado, ahora la oscuridad reinaba y el polvo crecía por doquier...velas a medio gastar, unas encendidas dando un aire de terror a la estancia, ¡una cruz! había una cruz en una de las paredes de la sala, una mesa de piedra que parecía un altar...En todos los aspectos ese lugar parecía una cripta.
Mu reapareció por una puerta lateral seguido por un joven de cabellos verdes y Saori. Ella vio a Milo y le sonrió de forma que le indicaba que se quedara tranquilo...¡pero no podía! a saber que cosas tenía en mente el tipo de la cruz satánica, le había pedido un sacrificio, ¿pero que clase de sacrificio? Tenía miedo, debía admitir que ésta era una de esas pocas veces en su vida en las que sentía la garanta seca y no era por falta de agua. Tragó saliva con dificultad para tratar de deshacer ese nudo de incomodidad que se había formado en su estómago, sin conseguirlo.
El chico de cabellos verdes y cara infantil y encantadora se acercó a Milo con unas cuerdas en la mano. Este se dejó hacer y le miró cuando hubo terminado de atar sus muñecas a cada brazo de la cruz que antes viera, con los brazos extendidos. Mu, Kiki, Shaina, Shun y Saori se colocaron a su alrededor formando una estrella de cinco puntas, Shaina se adelantó y empezó a quitar las ropas de Milo, desnudo de la cintura para arriba empezó a untarle por el cuerpo un mejunje que olía a de todo menos bonito, pero que sin embargo dejaba su piel mas sensible y fresca. Ahora fue Mu el que se acercó seguido por Shun que sujetaba algo envuelto en una tela negra. Mu murmuraba palabras extrañas inteligibles mientras acariciaba la piel desuda de Milo, este comenzó a sudar a medida que su temperatura corporal ascendía ante las caricias de Mu.
-Concentrate en su imagen, tienes que recordar cada mínimo detalle...
Milo no contestó solo asintió al susurro de Mu. Estaba tan nervioso que casi no podía respirar. Mu tendió la mano hacia Shun, indicándole que le diera lo que estaba oculto en el trapo negro. Shun desdobló con cuidado el trapo y acercó hasta Mu una daga con la empuñadura de oro y piedras rojas, la hoja plateada de la daga emitía rojos destellos con la luz de las velas. Mu tomó esa mortal arma y la llevó hasta el torso de Milo, acariciando con la hoja el pecho desnudo...De repente el aire se volvió loco, un vendaval incontrolado llenó la estancia haciendo a Mu retroceder daga en mano, para volver a acercarse a pesar del intenso viento que no venía de ninguna parte.
El brazo izquierdo de Milo fue el primero que sintió el frío acero entrar en su carne, en la junta del codo, dejando chorrear la sangre hasta el cuenco que había en el suelo, donde ya había almacenado una buena cantidad de su sudor....Mu se dirigió entonces al otro brazo, haciendo el mismo corte en idéntico lugar. La sangre de Milo caía por sus codos, le dolía infinitamente, pero aun así no perdía de vista en su mente la imagen de el bello pelirrojo, sintió de nuevo el arma manchada con su propia sangre, esta vez sobre su pecho....
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¿Pero que rayos estás haciendo? No puedo creer que estés dejando que te
hagan esto...¡no, no! debo impedirlo....
Me acerco hasta donde estos malditos te han atado, sudas y tu sudor va cayendo
poco a poco dentro de ese cuenco de madera...Alguien se acerca..¿que dice? no
lo entiendo pero no me gusta...ahora te dice que pienses en mi, que tontería,
eso es lo único que haces, sino no estarías aquí ¿verdad?
Me dejo de tonterías, ahora si estoy preocupado de verdad. Ese tipo tiene una daga en la mano y la mueve hacia ti, ¡¿que hace?! el arma toca tu pecho y decido apartarle de ti, no quiero que te haga ningún daño...¡pobre de él como ose dañarte! mi ira no conocerá límites... le aparto de un empujón, él lo ha notado y abre mucho los ojos sorprendido, y al parecer satisfecho, por que ahora ignora mis movimientos para alejarle de ti y te hunde la daga en el codo...tu sangre se derrama en el cuenco en que está tu sudor, se mezcla...ahora el otro brazo...¡¡¿porque no puedo detenerle?!! estoy frustrado, pero no voy a rendirme, como tu mismo me dijiste...no dejaré que vuelva a derramar tu preciosa sangre...
Me interpongo entre tu y la daga colocada ahora en tu pecho, intento con todas mis fuerzas hacerla retroceder, ese hombre es fuerte y ahora su cara se desfigura por la fuerza que tiene que emplear. No voy a ceder, jamás lo permitiré...¿que clase de amigas de echas Milo? al final logra llegar a tu pecho, pero yo no lo consiento y deseo tanto protegerte que creo que al final lo he conseguido....
Traza una cruz sobre tu pecho, pero no deja herida alguna, en cambio la sangre vuelve a brotar...pero esta vez no es de tu cuerpo del que sale, sino del mio...No se muy bien que pasa, solo que de repente me sonríes como si pudieras verme, mi sangre a caído en el cuenco mezclándose con la tuya, me inclino y te beso...No puedo creer nada de esto..¿es que acaso tengo cuerpo?...
Pero en ese momento alguien entra con disparos en la capilla y se escuchan metales al chocar unos con otros. Espadas, trabucos...la puerta cerrada cae de una patada y un hombre de cabello celeste, muy hermoso, con una espada en la mano y vestido con el emblema del rey aparece en el umbral. Sus ojos relampaguean al ver la tétrica escena....A su lado aparecen dos hombres mas; uno con el cabello color tierra, de ojos verdes y otro con el pelo casi rubio y también los ojos verdosos, como un gato, yo los miro con sorpresa, no entiendo nada...
Vuelvo mi vista hacia ti y veo que me miras angustiado...¡NO! estoy comenzando a desvanecerme de nuevo y noto como esos guardias que acaban de entrar me miran incrédulos....
-¡NO! otra vez...no...-fue tu sespiro antes de que yo desapareciera.
Y para mi desgracia yo ya he desaparecido cuando caes inconsciente, pero por
alguna razón no acudo a protegerte en tus sueños...tampoco se que pasa ahora,
te veo como duermes pero no estoy ahí contigo...no puedo estar contigo y eso me
mata...Cierro mis ojos y ya no veo nada mas....cuando los vuelvo a abrir estoy
de nuevo en tu habitación, contemplando la exquisitez que tus manos pintaron
para mi....No se a donde te han llevado, pero aunque quiera no puedo
moverme....las horas pasan...y te extraño mientras maldigo mil veces esos que
lo estropearon todo...esos mosqueteros...
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
-D´acord! Monieurs...la fête c´est fini!
La voz fina pero potente de ese hombre peliceleste con un lunar en la mejilla izquierda resonó por la estancia. De inmediato Mu pronunció unas palabras en latin antiguo y todos desaparecieron en una nube de humo blanco, dejando tan solo el cuerpo de Milo desmayado atado a la cruz.
Los tres hombres se acercaron y se dispusieron a vendarle las heridas de los codos y llevarlo con ellos, estaba inconsciente y tuvieron que llevarle en brazos por mas que habían tratado de despertarle....